¿Mindfulness?: un zapato en mi nevera


Seguramente habéis leído o escuchado en los últimos tiempos la palabra mindfulness y quizá os haya despertado la curiosidad sobre a qué se refiere este término inglés. Pues bien, se me ha ocurrido que puede ser una buena idea empezar a comprenderlo partiendo de lo que no es.

Os contaré un secreto. Bueno, un secreto a voces de la de veces que lo he contado y me he reído de ello. Un día estaba en casa. Andaba como “pollo sin cabeza” buscando uno de mis zapatos. Miré en todos los lugares “probables”: debajo de la cama, en el cuarto de baño, debajo del sofá. Seguí por otros más peregrinos: en el cubo de la ropa sucia, en la despensa, en la papelera. Esta claro, pensé, que mi zapato ha decidido hacer turismo.

Y, cuando ya estaba a punto de tirar la toalla, me fui a la nevera a por un trozo de chocolate (¡para reponer las fuerzas de tanta búsqueda!) y, ante mi perplejidad… Voilà! ¡Allí estaba mi zapato! Tan acomodado, entre los pepinos y el tupper de sopa, como si llevara allí toda la vida. Lo cogí aún bajo el estado de shock, como si lo acabará de coger del armario zapatero y me lo puse “dignamente”,  (experiencia, por otro lado, altamente recomendable para las plantas de los pies).

¿En qué lugar del cosmos estaba cuando metí el zapato en la fesquera? ¿Dónde tenía la cabeza? ¿Acaso hago viajes astrales mientras mi cuerpo se queda en la tierra? ¿Me estarán abduciendo los extraterrestres?. Pues esto, queridos y queridas lectoras, no es mindfulness.

Esta “capacidad” para estar ausente la atestiguan los cementerios de cucharas de postre que un día fueron a parar a la basura. La asamblea de coches damnificados por haber sido repostados con gas-oil en lugar de con gasolina 95. O, los clubes de recibidores de llamadas telefónicas erróneas a las tantas de la madrugada. Y, ¿qué me decís de la Asociación de llaves y llaveros “San Pedro”?

Seguramente, tendréis historias para dar y tomar. Algunas pueden llegar a ser muy divertidas… y otras nos complican la vida a diario.

En el próximo post, os cuento más sobre mindfulness. Mientras tanto, podemos echarnos unas risas con vuestras historias.

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