De Secretos, fajas y creencias (parte 2)


En la primera parte del post, hablábamos sobre qué nos puede llevar a guardar un secreto, arriesgando hasta nuestra salud. Pues bien, a este empeño, subyace siempre una creencia.

Primeramente, si os parece, definamos que entendemos por una creencia. Según la Programación Neurolingüística (PNL) una creencia es cada uno de los juicios o evaluaciones acerca de nosotros mismos, los demás y el mundo a nuestro alrededor que determinan cómo damos significado a los eventos que suceden.

Esto significa que cada una de los actos de nuestra vida se basa en una creencia que, de forma consciente o subconsciente tenemos.  Pongamos un ejemplo para entenderlo mejor.

Nos invitan a cenar. Distribuidas a lo largo de la mesa hay ricos manjares. Comienza la cena. Entre conversaciones distendidas y música de jazz de fondo empiezas a comer. Te comes unas bolitas que te parecen deliciosas. Crees que son de pollo. Hay una bandeja de algo delicioso, rebozado en tempura. Crees que es pescadito frito. También hay una salsa color rosa que acompañas generosamente al resto de delicatessen.

Entre bocados, te interesas por los ingredientes de tan delicados manjares a lo que los anfitriones te contestan: “La bolitas, están hechas con carne de serpiente, la témpura son unos insectos típicos de Vietnam y la salsa lleva sesos y leche de coco”, ¿Deliciosos no?

De forma automática, dejas de comer y empiezas a picotear el bollito de pan.

Creo que este ejemplo ilustra la fuerza de las creencias y la importancia de hacernos conscientes de cuáles son las que subyacen a nuestros actos.

En el caso de guardar un secreto puede haber tantas creencias como seres humanos sobre la tierra. Cada persona tienes las suyas propias. Si bien, hay dos que son muy generalizadas.

La primera creencia es que es más importante lo que los demás piensen de mí que lo que yo mismo crea de mi y de mi vida. Y, esta es una creencia que suele conllevar gran sufrimiento, con ella podemos literalmente “cavar nuestra propia tumba”. Sin darnos cuenta,  entregamos la llave de nuestra libertad a alguien que no soy yo. Bajo esa creencia prácticamente todas nuestras decisiones o formas de vivir están hipotecadas, porque siempre habrá alguien a quien no le guste.

Y otra creencia muy ligada a la anterior y muy extendida es la de que no puedo mostrarme tal y como soy, porque entonces habrá personas que podrían criticarte o incluso rechazarte. Y, el precio que pagamos es el de fingir que somos alguien que realmente no somos, o que vivimos de una manera que no realmente es así, convirtiendo  nuestra vida en un teatro.

Una vez que nos hacemos CONSCIENTES de que una creencia nos está limitando, hay muchos caminos para generar el cambio. Sea cual fuere la creencia de base hay, entre otros, un antídoto que consiste en instaurar creencias potentes :
– “Acepto quien soy, acepto como vivo”
– “Ser quien soy y vivir según mis principios me da la felicidad”
– “El cambio de todo empieza en mí”

Podemos empezar dando algunos pasos:

1º – ACEPTAR: si yo acepto esa “lorza”, esa cosa que he estado guardando bajo llave, de repente puede que pierda todo el sentido querer ocultarla, porque es mía, la quiero y la respeto.

2º – EXPRESARLO: expresarnos como somos, cómo vivimos, expresar y hacernos cargo de las decisiones que hemos tomado, nos empodera. Sería algo así como coger una tijera y cortar las fajas y lo leggins. En  ese momento se produce la descompresión y la vida sigue su curso. Puedes volver a respirar.

3º – ASUMIR LOS POSIBLES CAMBIOS: efectivamente, a partir de ese cambio en nosotros, puede haber cambios en otras personas que nos rodean. Porque cada cambio, conlleva otros. Y  no siempre son “agradables”. La cuestión es si queremos o no asumirlos.

Lo que sí es sorprendente es como al empezar a decidir y a ser los protagonistas de nuestra vida, empezamos a ver que la vida cobra mucho más sentido.

No quiero terminar este post sin contaros un caso real de una persona cercana a la que un día le dio un infarto. Un día en el hospital me dijo que sabía perfectamente que aquello había llegado de tanta presión por intentar ocultar durante más de 20 años su homosexualidad. Tenía tanto miedo de que los demás le rechazaran… La historia tiene un final feliz, porque se recuperó. Cuando lo comenzó a expresar a las personas que para él eran más importantes, la respuesta de su entorno fue mucho más moderada de lo que se había imaginado. Porque cuando ocultamos algo, es común que acabemos montando unas “grandes pelotas” mentales que poco o nada tienen que ver con la realidad de ahí fuera.

Y, colorín, colorete… ¡por el tejado salió un cohete!

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Un pensamiento en “De Secretos, fajas y creencias (parte 2)

  1. Gracias Marta, por estos textos, por lo que nos aportas al leerlos. Desde el curso que hice contigo he mantenido presente la PNL, incluso hablo de ella en mi entorno, ser conscientes de nuestro mapa de la realidad, supone el primer paso de un camino de liberación y crecimiento personal. Me ha gustado que comiences con los secretos que ocultamos, es una cuestión de máscaras que si somos capaces de quitarnos, viviremos un poquito más felices. Genial por el protagonista de la última anécdota, enhorabuena para él!!!

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